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Églises de Chiloé

Las iglesias de madera del archipiélago de Chiloé en Chile son Patrimonio Mundial desde 2003. Son un excepcional ejemplo de mestizaje de culturas entre los misioneros Jesuitas y las culturas locales. Sin duda un conjunto excepcional de este intercambio en el que los conocimientos de las técnicas en construcción en madera se desarrollan para el desarrollo de la nueva religión que, primero lo jesuitas y luego los franciscanos, dejarían en las islas.
Los jesuitas llegaron a estas islas en 1608 y organizaron su misión mediante viajes cíclicos que realizaban por las islas donde, de manos de los artesanos locales, se fueron levantando estas iglesias. Este proceso de convivencia dio lugar a un modelo singular de construcción.
Son casi 70 las iglesias de este estilo que se conservan en las islas, aunque la declaración se centra en 16 de ellas. La estructura es similar en todas ellas con torre en fachada y disposición basilical. Pero quizá lo que más llame la atención sean las bóvedas y las fachadas.
Las bóvedas son verdaderamente singulares, una auténtica obra de ingeniería en madera. Las fachadas, siguiendo la tradición constructiva de la zona, están realizadas con pequeñas piezas de madera pacientemente colocadas.

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En el archipiélago, la mayor parte de las construcciones son de madera. Una habilidad que viene de la utilización de este material, abundante en la zona, y se la habilidad de sus carpinteros y armadores de barcos. Las iglesias están generalmente colocadas en alto para facilitar su localización desde el mar. Suelen estar rodeadas de una explanada donde se celebran fiestas y rituales, espacio y tradiciones que forman parte sin duda, del valor intangible del bien.

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La convivencia con la modernidad no siempre es sencilla. Recientemente se ha construido junto a una de estas iglesias, la de San Francisco, de un gran centro comercial que causa un impacto negativo. Centro que sin embargo cuenta, a pesar del impacto que produce, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población local.
El Gobierno chileno está tomando medidas para que esta situación no pueda volver a repetirse, protegiendo de manera estricta los entornos de las iglesias. Sin duda una medida encomiable, pero quizá un poco tardía. En todo caso este refuerzo de la protección permitirá disponer de una garantía para la conservación a futuro de este excepcional patrimonio.

Pero queremos llamar la atención sobre la necesidad de proteger los entornos de los bienes, una labor tan importante en ocasiones como la defensa del propio bien. Los riesgos que la modificación del entorno puede generar en el patrimonio son muchos y pueden obedecer a diferentes causas, desde el impacto visual hasta la sostenibilidad económica de los bienes que puede depender de que no se modifiquen otros entornos necesarios para la estabilidad de los sistemas sociales y económicos. Las zonas buffer del Patrimonio Mundial cumplen un importante papel que no debemos trivializar.