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El paisaje ha sufrido un proceso de democratización. Una política del paisaje que sólo respondiera a criterios técnicos, administrativos o legales se alejaría de la población local, los primeros protagonistas.
Hemos definido el paisaje como percepción y comentamos en el post anterior que ahora no considerábamos unos paisajes “especiales” por alguna característica, sino que incluíamos en el concepto a todos los paisajes, los cotidianos. Estos paisajes son percibidos por todos y todos estamos inmersos en los paisaje pero, más que nadie, la población local ya que para ella el paisaje forma parte de su calidad de vida.
Además el concepto de percepción implica un alto grado de subjetividad. Esta percepción dependerá de muchos factores sociales, culturales, de costumbres, de ideas, de sensibilidades. Algunas de ellas serán comunes a los individuos de un determinado grupo; otras tendrán un componente personal.
Este componente subjetivo es una de sus principales cualidades. Bertrand nos recuerda que “…reducido a realidad objetivable y cuantificable, el paisaje perdería su significado primario de proceso interacitvo… de observación cruzada entre ideas y materialidad”. Esta subjetividad es, por tanto, un elemento fundamental del paisaje.
Maderuelo nos aclara este punto:
“El paisaje es algo subjetivo, es «lo que se ve», no «lo que existe». Pero el que sea subjetivo no quiere decir que sea una fantasía o una invención sino que se trata de una interpretación que se realiza sobre una realidad.”
Seguiremos reflexionando sobre el paisaje.