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Los vinos de Rioja son sin duda unos de los más afamados del planeta. Pero para llegar a este punto han tendio una larga historia que ha ido marcando su desarrollo y evolución. El vino de Rioja llamó la atencion a algunos viajeros que recorrieron estas tierras en el pasado y que se fijaron en el paisaje, en el paisanaje y en sus productos

En el excelente trabajo de Pedro Plasencia Los vinos de España vistos por los viajeros europeos nos aprota algunas referencias al vino de Rioja, la más antigua de Cook, que en 1592 decía «La Estrella, convento de jerónimos, está a dos leguas, no lejos del río Ebro junto a San Asensio, cuyos vinos son famosos en la comarca, y los blancos, aunque sean claretes, por no ser tan espesos ni groseros como los otros». Una referencia a los claretes, vinos que debieron tener un importante protagonismo en el pasado y que aún hoy dan fama a algunas localidades como la citada San Asensio.

Para alcanzar el prestigio actual todavía quedaba un largo camino. Es interesante lo que nos cuenta Louis Lande que, con gran clarividencia, aventura en 1878 un próspero futuro al vino de Rioja. Estas son sus palabras:

«¿Se decidirán por fin los otros viticultores a sacudir su modorray seguir el ejemplo que se les ha dado? No tienen nada que perder y mucho que ganar; peri si algún día como puede suponerse, La Rioja se convierte en uno de los principales centros de exportación de los vinos españoles  al extranjero, se le debará al marqués de Riscal, a su inteligente iniciativa, a su perseverencia, a su prudencia, así como a su altruismo que le lleva a poner al servicio de todos el rsultado de sus esfuerzos y de sus gastos».

Sin duda un personaje y un momento cruciales en la historia del vino de esta denominación. Y un paisaje y unas gentes que supieron integrar nuevos métodos conservando también técnicas y haceres tradicionales. Hubo otros precusores que abrieron el camino de la mejora y universalización de los vinos de Rioja como los hermanos Quintano y el marqués de Murrieta. Pero estas historias las dejamos para otro día